Ya no me pregunten por qué lo hice. Ya les dije: me enfadé. No es mi problema que ustedes todo lo compliquen. No es mi problema que no puedan deshacerse de lo que ya los tiene cansados. De verdad, no me importa y no espero que me entiendan. A diferencia de ustedes, yo no voy por la vida preguntándome si lo que hice está mal o bien, yo sólo hago lo que me hace sentir libre y vivo. No fue una decisión tomada irracionalmente, de hecho, creo que nunca había actuado con tanta sabiduría.
Verán, ya estaba cansado. Mantener una casa no es fácil; hay qué pagar luz, agua, y encima de todo, tenerla siempre en orden, y nunca he entendido para qué, como si el cielo no fuera techo suficiente para un simple mortal como yo. No me gustaba mi casa. Ni siquiera era agradable a la vista, mucho menos al alma. Me sentía preso, esclavizado a un objeto al que yo decidí atarme. Trabajando cada día de mi vida para no perderla, para poco a poco hacerle una que otra mejora que me hiciera sentir más cómodo dentro de ella, que me distrajera de lo que verdaderamente resultaba ser: una jaula de ladrillos.
Por eso lo hice. Por eso quemé mi casa. No espero revolucionar, ni que se vuelva noticia. Lo hice porque por fin entendí que si algo no te sirve, hay que destruirlo. Será fácil juzgar para ustedes, así como es fácil para mí perdonarlos por ello. Los comprendo y los observo con la misma compasión con la que ustedes me miran a mí por no tener un techo debajo del cual descansar, olvidándose de la sombra fresca de los árboles que me abrazan mejor que cualquier pedazo de concreto.
Pero nadie entiende porque todos se conforman con muy poco. Vienen al mundo a sentirse dueños de todo lo que puedan. A conquistar tierras, a dominar bestias. Y de todo son dueños y todo lo conquistan y todo lo dominan. Menos a ustedes mismos. Al final, todo aquéllo resulta inútil. Les digo, algunos no reconocerían la verdadera libertad ni aunque la tuvieran enfrente.
No se preocupen por mí, estaré bien; mejor que ustedes. Yo en cambio, me preocupo por ustedes, cada vez más insensibles y dormidos, ignorando la voz dentro de ustedes que ruega cada día por libertad. Porque si algo puedo asegurarles, es que no importa quién seas, cuánto tengas o lo que hagas para conseguirlo: todos tenemos una casa qué quemar. Una casa que espera ser destruida, que te habla hasta en sueños, que te suplica que de una vez por todas, te atrevas a encenderla en llamas y dejar que se consuma poco a poco mientras avanzas, convencido de no mirar atrás.
http://www.elimparcial.com/EdicionEnlinea/Notas/Policiaca/01062016/1087234-Prende-fuego-a-su-casa-porque-ya-le-habia-enfadado.html
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