Llegué tarde a mi casa un domingo, cansada y dispuesta a dormir después de unas largas caminatas por la plaza y extensas conversaciones con buenos amigos. Eran pasadas las 12 de la madrugada. Acababa de empezar un nuevo día, mas el anterior seguía sin terminar, y todo por el único detalle que arruina todas las noches antes de dormir: tenía hambre. De esas hambres que dan de repente, horas después de tomar café y que son imposibles de ignorar. De esas hambres que duelen y perforan tu estómago hasta que decides obedecerlo y echarle unos cuantos bocados para calmarlo. Pero era tarde, ¿qué podía hacer? ¿Avena? no. ¿Arroz? no. ¿Cereal? no había leche. Había pan, jamón, queso y mayonesa. Un sándwich parecía la mejor opción.
Comencé por untar los dos panes de ese aderezo que a la mayoría desagrada pero que hace más fácil el trayecto del bocado de la garganta hasta el estómago: mayonesa. Para ser sincera, a mí sí me gusta, o más bien, la considero necesaria. De otro modo, me vería obligada a tomar un trago de agua después de cada mordida; y no, gracias. No tengo tiempo para eso. Después, procedí a poner sobre el pan una rebanada de jamón, luego el queso y por último, cerré el emparedado con un pan sobre el otro. Listo. Menos de cinco minutos, un sándwich que para esas horas y considerando el hambre que tenía, resultaba suculento a mi paladar.
Me encontraba a punto de dar la primer mordida cuando, de pronto, escucho una voz. Era una voz muy peculiar, que a pesar de sus obvios intentos por gritar, me costaba trabajo escucharla.
- ¡Hey, tú!
- ¿Yo?, ¿quién está hablando?
- Yo, idiota. Tu sándwich. Tu sándwich mediocre a la medianoche.
- ¿Ya me volví loca?
- No, te estoy hablando a ti.
- ¿Qué quieres? No entiendo nada.
Pude haberlo ignorado y simplemente morderlo para terminar con la incómoda escena, pero algo me dijo que no estaba loca y que continuara la conversación, así que lo hice.
- Tengo una pregunta: ¿por qué me hiciste tan mediocre?
- ¿Mediocre? explícate.
- De todos los ingredientes que existen, de todas las posibilidades que hay dentro de dos rebanadas de pan, decidiste depositar el mínimo esfuerzo y prepararme de esta manera. Con jamón y queso americano frío, que más allá de parecer queso, tiene apariencia y sabor a plástico. ¿Por qué?
- Ya es tarde, estoy cansada... ¿qué quieres de mí? Déjame comerte, con esto me conformo.
- ¿Pero no sería mejor, yo, tostado, con lechuga, tomate, mostaza, cebolla, tocino, queso derretido... o incluso, ¡dulce!, como pan francés, peanut butter & jelly o crema de avellana?, ¿por qué no explotas todo mi potencial? Y no me digas que no tienes cómo, porque viví en tu refrigerador esta semana y he planeado durante todo este tiempo cómo quería ser preparado. Y no, de todas las maneras que imaginé, ninguna se cumplirá. Así me van a comer... con jamón y queso de plástico, así, mediocre, como su creadora, me atrevería a decir...
- Hey...
- Sabes que tengo razón, ¿cómo podrías defenderte? Anda, atrévete, muérdeme y mátame de una vez, que no creo poder soportar un minuto más este tormento y decepción.
- Mira, no necesito más drama en mi vida. Por favor, sólo dime cómo quieres que te prepare y lo haré. Pero rápido, que tengo hambre y sueño.
- No se trata de lo que yo quiera, es más bien, sobre lo que tú quieres. Tú sabes que no quieres esto que soy ahora. Tienes la libertad de transformarme de acuerdo a tus gustos y preferencias, solamente te pediré una cosa: no te conformes. Puedes hacer algo mejor. Hay muchos ingredientes, sé creativa, úsalos, que no te dé miedo. Y si no te gusta ninguno de los que tienes, ve y consíguelos.
- Creo que puedo hacer algo con lo que tengo...
- Puedes hacer muchas cosas. Existen infinitas posibilidades dentro de dos rebanadas de pan. Es tarde y estás cansada, lo sé. Pero ya estás aquí.
Obedeciendo, me apresuré a buscar los ingredientes necesarios para hacer de mi sándwich el mejor de todos, aunque fuera tarde, aunque estuviera cansada, aunque me costara trabajo ver más allá de los ingredientes tradicionales que mi refrigerador tenía para ofrecerme. Me sentí agradecida y en paz una vez que lo terminé. Al menos podía darle una muerte digna, como mi sándwich deseaba. Justo antes de dar mi primer mordida, escucho una voz dulce y tranquila susurrando "gracias". Nunca sabré si era la voz de mi sándwich o la voz de mi conciencia, que más allá de haber calmado el hambre, había entendido la vida.
No comments:
Post a Comment
Dime algo.