Esto de ser barista está consumiendo mi vida, oigan. Es broma, la verdad es que es de las cosas más divertidas que me han pasado, ¿saben qué es lo más cool? observar a las personas. De verdad hay pocas cosas que me resulten más divertidas que ver con atención los movimientos, ademanes y reacciones de cada ser humano que se encuentre cerca. Los analizo e imagino sus vidas basándome sólo en la bebida que pidieron. ¿Estoy loca? No sé, tal vez suene un poco creepy y ya no me vean de la misma manera que antes, pero no voy a mentirles: pocas veces me equivoco, mis análisis son ciertos la mayoría del tiempo.
Esta madrugada me encuentro tan desesperada por dormir que pienso hacer lo que sea para que el sueño llegue. Lo que sea, dije. Entonces, ¿por qué no platicarles un poco sobre los clientes más peculiares?
Héctor
Tiene 30 años, es licenciado en relaciones internacionales y va todos los días. Todos. Vive solo y su mejor amigo es un perro chihuahua llamado Juanito. Sus bebidas favoritas son el café americano chico con un poco de leche deslactosada light, dos sobres de splenda y hielos, frappuccino con chocolate y caramelo y últimamente ha experimentado una pequeña y quizá efimera obsesión con el té chai en las rocas.
Aldo
Joven, no sé cuál sea su edad. Es historiador, va al menos tres veces a la semana a sentarse y escribir a mano por horas, casi todo mi turno. Siempre pide un americano mediano con tres sobres de splenda. Acostumbra vestir formal y cuidar lo más posible su apariencia. Huele muy bien.
Don Florencio
Viejo. Nadie sabe su edad. Tiene buen sentido del humor, aunque siendo sincera siempre me ha intimidado un poco. Todos los días llega aproximadamente a la misma hora con su termo. Pide un americano descafeinado y lo endulza con dos cucharadas de mascabado. Una vez se despidió diciendo "ya no tengo nadie a quién visitar".
El Loco
Cuarentón. Nadie sabe cómo se llama. Sólo sabemos que está loco. Trato de no verlo a los ojos. Hoy me enteré de sus antecedentes por medio de una fuente confiable. Al parecer era una persona normal hasta que tuvo un accidente automovilístico y por ahí nos han dicho que estuvo en la cárcel por violación. Me pone muy nerviosa verlo entrar. Todos los días va, mañana y tarde. Pide un americano y lo endulza con tres cucharadas de azúcar y dos de crema para café.
Podría tomarme todo lo que resta de la madrugada escribiendo sobre lo mismo: más gente y sus bebidas, pero parece ser que el sueño ha llegado y no quiero dejar que se vaya como lo hizo hace horas. En fin, estas cuatro personas hacen de mi trabajo la rutina más divertida de todas y su llegada equilibra el día. Los cuatro son muy diferentes entre sí pero tienen algo en común: un lugar que frecuentan de manera religiosa y su bebida favorita en la memoria de alrededor de diez baristas.
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