No tiene mucha importancia, sólo me hizo recordar lo que en realidad es la escuela: el lugar perfecto para descubrir en qué eres mala. Y me emociona más de lo que creí. Significa que los próximos 4 años y medio de mi vida los invertiré en tachar de la lista todas aquellas cosas para las que no sirvo hasta que quede una sola, una sola en la que seré realmente buena y a la que me dedicaré el resto de mi existencia.
Y en eso consiste nuestra vida desde el jardín de niños hasta el posgrado, descubrir en qué somos buenos para ser los mejores en ello, poner en acción cualquiera que sea nuestro talento y ganar dinero para pagarle la educación a nuestros hijos para que descubran poco a poco en qué son buenos para que ganen dinero para sus hijos para que descubran poco a poco en qué son buenos para que ganen dinero para... y todo este proceso tiene el simple propósito de llenar el mundo con personas útiles, exitosas, satisfechas, que sirven al mundo con gusto y por lo tanto, felices.
Estoy estudiando para conocerme. Para servir al mundo. Para que mis hijos sirvan al mundo. Para que mis nietos sirvan al mundo. Y así. Ya no sé qué estoy escribiendo. Qué difícil es vivir.
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